Psicopatología para gestaltistas

Por Ignacio Peña

 

El objetivo del presente ciclo es acercar las formulaciones psicopatológicas, que dan idea de los principales trastornos mentales que atañen al ser humano, a la manera gestáltica de entender los procesos terapéuticos. Conlleva, por tanto, integrar o armonizar dos posibilidades metodológicas y actitudinales frente al sufrimiento humano como son la ciencia psicopatológica clínica y la terapia gestalt, que aunque puedan parecer incompatibles en un primer vistazo, sin embargo tienen encaje y apoyo mutuo como muestra el trabajo que vengo realizando en mi práctica profesional.

 

Es un seminario dirigido a gestaltistas, conocedores en profundidad de la técnica y actitud gestáltica, que deseen aproximarse y conocer la clínica psicopatológica que les sea útil en los procesos de terapia con sus pacientes. Para ello reformulo la psicopatología, desde mi experiencia como médico-psiquiatra a la par que terapeuta gestáltico, haciendo especial hincapié en simplificar y reducir la clásica escisión entre mente-cuerpo (psicológico-somático).

 

Esta escisión se observa cuando las terapias psicológicas, basadas en el nivel representacional de la mente o aspecto insustancial del funcionamiento del ser humano (cognición y sentimiento), dejan de lado o ignoran la estructura corporal o somática del mismo, anclaje básico de ese mundo representacional.

Tenemos sobradas pruebas en el ámbito clínico que muestran cómo cuando falla el sustrato cerebral la mente deja de funcionar adecuadamente. En la actualidad hay un gran campo de desarrollo e investigación en la neurociencia que está empezando a comprender los procesos psicológicos del ser humano desde el sustrato orgánico del cerebro. La opinión predominante refiere que los procesos mentales (cognición, emoción y conducta) surgen del concierto polifónico de todo un entramado de células nerviosas interconectadas. Cuando cada instrumento funciona adecuadamente y acompasado con el resto, la sinfonía resultante puede alcanzar elevadas cotas de virtuosidad. Por tanto podemos concluir que el cuerpo y más concretamente, el cerebro, desempeñan un papel central en la vida mental, y su correcto cuidado y funcionamiento será necesario para que las funciones mentales más elevadas puedan desplegarse en el ser humano.

 

Por otro lado la escisión ocurre cuando la medicina somática se olvida de que el mundo representacional (los entresijos del alma) influye directamente en el funcionamiento y salud del cuerpo. De esto último sabemos mucho menos pero se nos hace evidente en nuestros procesos de terapia. El cuerpo se convierte así en el campo de batalla en el que se libran los conflictos de la mente, como bien observamos en los procesos psicosomáticos o trastornos mentales de nuestros pacientes.

Ambos niveles (cuerpo y mente), por tanto, íntimamente conectados e inseparables en el funcionamiento del individuo, y a los que podemos acceder por vías diferentes. A la mente accedemos desde nuestras psicoterapias, mientras que al cuerpo lo hacemos desde nuestras terapias corporales y sustancias psicofarmacológicas, aunque al final la resultante de ambas vías se integre en la unidad indisoluble cuerpo-mente que es el ser humano.

 

Para entender y observar los diferentes signos y síntomas psicopatológicos que acontecen en las personas con sufrimiento mental (cognitivo-emocional) utilizaremos una nueva perspectiva dimensional o sindrómica, a diferencia de las actuales y predominantes categorizaciones y clasificaciones de los trastornos mentales (DSM y CIE). Considero que formular la psicopatología en base a tres síndromes fundamentales aporta mayor simpleza y claridad para la observación y atención de los fenómenos sintomáticos de la mente, que las abigarradas y complejas descripciones clasificatorias que conducen al diagnóstico de múltiples tipos y subtipos de trastornos mentales, la mayor parte de los cuales no tienen una base etiopatogénica conocida.

 

Haremos por tanto un recorrido descriptivo fenomenológico por los tres grandes síndromes psicopatológicos fundamentales: depresivo, ansioso, y psicótico. Observaremos sus características particulares y su articulación mutua, con la posibilidad de encajar en ellos la mayoría de los trastornos mentales tipificados en el DSM-IV.

Estudiaremos como intervenir en estos síntomas, en qué momento del proceso terapéutico y cómo hacerlo, siempre con la finalidad de liberar o reducir los obstáculos que dificultan el proceso terapéutico básico del "darse cuenta" o toma de conciencia.

 

Con frecuencia apreciamos como los síntomas mentales cuando son intensos y afectan a las funciones básicas del individuo dificultan e imposibilitan una adecuada adaptación del sujeto a su vida cotidiana, además de incapacitarle para llevar a cabo las tareas básicas de su proceso terapéutico. Son momentos que precisan una intervención urgente que contenga o disminuya esta sintomatología, como ocurre por ejemplo en las agudas y desorganizantes crisis de pánico que surgen espontáneamente, a veces sin ningún desencadenante aparente, y que provocan tal reacción de susto y miedo que pueden llevar a la persona a debilitar intensamente el sentimiento de seguridad básico en sus propios procesos mentales y corporales, generando posteriormente severos cuadros fóbicos o evitativos, a menudo incompatibles con una vida normalizada. Otras veces nos encontramos con personas que acuden profundamente deprimidas refiriendo una severa incapacidad para realizar cualquier tarea de su vida cotidiana, con una profunda desvitalización y sentimiento de vacío, con angustiosos y recurrentes pensamientos acerca de la muerte como única salida a su intensa desesperación. En otras ocasiones nos encontramos con situaciones complejas de pacientes que no acuden por propia voluntad sino que son traídos por familiares muy asustados refiriendo que la persona hace y dice cosas extrañas, y que ha dejado de ser el que era para convertirse en alguien de conducta y manifestaciones incomprensibles, totalmente alejado de la realidad, y posiblemente en el inicio de un brote psicótico.

 

Para todas éstas y otras graves situaciones hace falta acometer medidas urgentes y precisas de contención sintomatológica, sin lo cual no podremos acometer tareas posteriores de comprensión y análisis de los síntomas, su génesis y sus desencadenantes. Contamos para ello con potentes y precisos instrumentos psicofarmacológicos diseñados específicamente para contener, por lo cual revisaremos en el seminario las funciones principales de los psicofármacos, la utilidad y un uso racional de los mismos dentro de un proceso de psicoterapia.

 

Nuestra hipótesis de partida supone entender los síntomas y signos psicopatológicos como la manifestación de un cuerpo enfermo (incluido el cerebro) producto de la desatención de la mente. Una mente que se mantiene ocupada en asuntos inconclusos o fijaciones traumáticas del pasado, y consecuentemente dedicada a anticipar y prevenir un futuro hostil, desatendiendo la regulación del organismo en el momento presente (aquí y ahora).

Gran parte de nuestras disfunciones o trastornos mentales acontecen cuando tenemos que ocuparnos de satisfacer necesidades "neuróticas", innecesarias para la supervivencia y desarrollo de nuestro organismo, generadas en base a complejas interacciones con nuestras figuras significativas en nuestro pasado primigenio. Empleamos así un gran potencial energético en responder a deseos y necesidades innecesarios para nuestro momento actual, con el consecuente desgaste excesivo de nuestro mecanismos básicos de funcionamiento.

Es lo que observamos en repetidas ocasiones, un cerebro activándose defensivamente de manera constante frente a un peligro fantaseado en la mente, utilizando múltiples recursos hormonales y energéticos destinados a contener tal amenaza que es vivida como real a pesar de su realidad ilusoria. El estrés o ansiedad crónica así desplegado termina por agotar los recursos corporales de la mente y desencadena el estado de desvitalización depresiva o desconexión psicótica con la realidad.

Observaremos como el resultado de esta disfunción mental son una serie de síntomas psicosomáticos que afectan tanto a la cognición, emoción y cuerpo, estudiando sus particularidades en los fenómenos ansiosos, depresivos y psicóticos.

 

Finalmente revisaremos también como los descubrimientos neurobiológicos recientes del funcionamiento del cerebro y la mente apoyan y ratifican las intuiciones que los terapeutas gestálticos obtenemos del acompañamiento de nuestros pacientes, y aportan un principio de base empírica racional.

Cuadro de texto: Ciclo seminarios
PSICOPATOLOGIA 
para gestaltistas 


ENCUADRE PSICOPATOLÓGICO GESTÁLTICO
TRASTORNOS  DEPRESIVOS 
TRASTORNOS  DE ANSIEDAD
 TRASTORNOS DE TIPO PSICÓTICO
TRASTORNOS DE LA PERSONALIDAD

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